Fíjate entonces querido lector qué pasaba a principios del siglo XIX: “Todos los métodos policíacos que creó su genio de inventor los emplean ahora sus discípulos y subalternos contra el propio maestro. Todas las cartas que recibe o manda … pasan por el gabinete negro y son abiertas y copiadas. Agentes de policía atisban e informan sobre sus conversaciones, espían sus relaciones, vigilan cada uno de sus pasos”.
¿SITEL, ese sistema de control de las comunicaciones que hace que el Gobierno pueda tener conocimiento de todo lo que hables por teléfono? No, el gabinete negro.
¿Rubalcaba? No, José Fouché.
Fouché.
Fouché. El genio tenebroso. Stefan Zweig. Editorial Juventud. 13ª edición, 2007. 254 páginas. 16 €.
Reconozco que me lo he pasado en grande leyendo esta biografía de José Fouché (nótese el José, todavía no había llegado la normalización lingüística de Fraga, Camps y Feijoó). En la biblioteca de Rivendel no había nada de Stefan Zweig y este primer encuentro ha sido más que satisfactorio, ha sido fascinante. Y ello por muchos motivos, por el estilo literario, por la época histórica que describe, y por el personaje retratado, que no es el menor de los argumentos
Para empezar, la obra de Zweig indica con cierta claridad –para quien quiera ver- que los orígenes de la revolución rusa pueden ser encontrados en la revolución francesa. Y ese nexo es relevante cuando aquélla fue el mayor hecho nefasto del siglo XX. La revolución rusa llevó al poder estatal a una ideología totalitaria bajo la cual más de cien millones de personas han muerto asesinadas por todo el mundo. Allí donde se implantó el comunismo se cosechó pobreza¸ material y espiritual. La lectura entonces de la carta que Fouché y Collot dirigieron a la Convención (página 56) pone los pelos de punta. De hecho esa carta podía haber sido redactada perfectamente por Vladimir Ilich Ulianov (a quien quizás el sagaz lector de este blog le conozca por su apodo “Lenín”) en 1917.
Hay que reconocer, por otra parte, que el personaje ayuda a que el libro sea apasionante. Hay que ser bueno, muy bueeeeno, como diría Alberto Ruiz-Gallardón, para ser ministro del interior durante tres regímenes políticos sucesivos: el Directorio y la Convención, Napoleón, y Luis XVIII. Claro, que quizás lo que a continuación transcribo quizás ayude a explicar la trayectoria del personaje:
“La información lo es todo, en la guerra como en la paz, en la política como en la economía” (página 107).
“De su enorme material de noticias sólo comunica lo que quiere. Todo lo demás queda encerrado en el cajón del ministro de Policía” (página 144).
Cuando Napoleón le dijo “Es Vd. un traidor, debía mandar fusilarle” contestó sin balbuceo en su voz “No soy de esa opinión, Sire” (página 143).
“Ha cometido la falta más imperdonable en política: ha llegado tarde” (página 191).
“Fue peor que un crimen, fue una equivocación” (página 137).
“Los gobiernos, los sistemas, las opiniones, los hombres cambian; todo cae y desaparece en el torbellino de aquel decenio; solo uno permanece siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y de todas las ideas: José Fouché” (página 155).
Por otro lado, hay partes del libro que podían perfectamente haber sido redactadas por Salgari, Verne o May en cualquiera de sus novelas. O por Jeffrey Archer. El capítulo titulado “El duelo con Robespierre” es simplemente apasionante y merecería ser llevado al cine.
“Fouché. El genio tenebroso” es una lectura que diría que es casi obligada para el lector inteligente, como el de este blog. El mejor blog de crítica literaria en español.
Leí hace tiempo la biografía de Magallanes de Stefan Zweig, y fue de los mejores libros de aventuras que he leído, me alegra que lo hayas descubierto.
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