Bien, vayamos a las fuentes. Mi primera, y quizás preferida edición de El Señor de los Anillos, la de la editorial Minotauro. Tercer volumen, El Retorno del Rey. Se trata de una tercera reimpresión, de mayo de 1983, que compré (o pedí que me comprarán, tendría catorce años) en El Corte Inglés de Zaragoza al precio de -la etiqueta al dorso no me dejará engañar- de novecientas pesetas. En el capítulo de Los Puertos Grises Frodo entregó a Sam "un libro voluminoso encuadernado en rojo: las páginas altas estaban ahora casi llenas... En la página correspondiente a la portada había numerosos títulos...". Parece entonces que puede pacíficamente aceptarse la idea de que los libros en la Tierra Media eran eso, libros. La adaptación cinematográfica de Peter Jackson de El Retorno del Rey sigue esta tesis: Cuando Arwen pide a Elrond que vuelva a forjar a Narsil tiene en sus manos un libro, con bellas tapas de cuero, y perfecta encuadernación, que cae al suelo. Y en la Comunidad del Anillo aparece, como he dicho una reunión de Gandalf (por cierto, Gandalf for President) con Elrond en lo que podría ser su biblioteca. No hay muchos libros en los anaqueles, que tampoco son abundantes (motivo por el que tengo dudas de que la escena tenga lugar en la biblioteca), pero son libros.
Vaya, Jacobo, para este viaje no necesitábamos tantas alforjas, estarás pensando ahora, querido lector. Pues no. Primer volumen, La Comunidad del Anillo, también de editorial Minotauro. Novena reimpresión de mayo de 1983. Esta vez no hay pistas sobre el precio. En el capítulo relativo al Concilio de Elrond Gandalf recuerda su viaje a Minas Tirith en el que encontró un "pergamino" donde Isildur describía el anillo tal y como lo encontró. De hecho, en la versión original del libro, Tolkien utilizó la palabra "scroll", que puede ser traducida no sólo como "rollo", sino también como "rollo de pergamino". En definitiva, en la Tierra Media había pergaminos y libros, siendo aquéllos propios de edades pasadas y éstos de la Tercera Edad.
Una vez aclarado, más o menos, cómo eran los libros en la Tierra Media, vayamos a las lecturas del verano de 2010.
La Sangre del Pelícano.
La Sangre del Pelícano. Miguel Aranguren. Editorial Libros Libres. 478 páginas. Primera edición, septiembre de 2007. 22 €.
Confieso que no soy neutral. Había leído previamente La Hija del Ministro (La Esfera de los Libros. Segunda edición, abril de 2009. 22 €), y me apasionó. No sólo consiguió reflejar el Madrid de la segunda república y de la Cruzada de Liberación, al mejor estilo del Madrid de Corte a Checa, sino además mostrar al lector personajes humanos, que viven, sufren, perdonan y aman. Pues bien, tras haber leído La Hija del Ministro me fui a un libro anterior, La Sangre del Pelícano.
La Sangre del Pelícano podía haber sido escrito por Tom Clancy, y quienes me conocen saben que eso quiere decir dos cosas. Primero, que se trata de un thriller o, como dice la tapa del libro, un bestseller. Y segundo, que la historia te engancha desde la primera página. Y esto tiene mucho mérito pues, siendo sincero, una historia en la que los protagonistas son un sacerdote y un policía italianos para mi no tiene demasiado tirón.
El libro consiste en una serie de asesinatos, terribles, en los que se ve involucrado Albertino Guiotta, un sacerdote ex-yuppie de éxito del mundo de la moda, y Luigi Monticone, un comisario italiano. No se trata, sin embargo, de una novela negra. Es algo más. Refleja algo que muchos no quieren ver (al menos hoy en día), y es la influencia del mal en nuestra sociedad. No un mal abstracto, sin embargo, sino un mal con causa, rectius, con autor. Y lo realmente inquietante del libro es precisamente la forma en la que Aranguren presenta la trama de forma absolutamente verosimil. Dicho de otra forma, tras haber acabado el libro, uno ve las noticias de los telediarios y de los periódicos de forma distinta. Eso sí, los débiles de corazón no deben leer a continuación los libros de Gabriele Amorth.
Libro adictivo, bien escrito, que se lee de una sentada. Muy recomendado.
Tiempo de Construir.
Tiempo de Construir. Jordi Pujol. Ediciones Destino. 423 páginas. Primera edición, octubre de 2009. 23,95 €.
He tenido mucha suerte con este libro, y ello por varios motivos. Uno, que fue un regalo de un buen amigo (L.V.P.). Otro, que por el autor, si no me hubieran regalado el libro, nunca lo hubiera leído. Pero sobre todo, que el libro es enormemente iluminador, y perdón por el palabro.
Se trata del segundo volumen de las memorias políticas del Molt Honorable Jordi Pujol i Soley, y cubre los años 1980 a 1993. Y reconozcámoslo, son muy interesantes. Es más, ahora por fín he llegado a comprender el motivo por el que Luis María Anson, o Ansón, tiene tanto respeto a Pujol. Uno puede coincidir, o no, con las ideas que defiende Pujol, pero al menos tiene ideas, tiene un plan, y quiere llevarlo a la práctica. Lamento confesar que creo que pocos políticos españoles del último cuarto del siglo XX admiten la comparación con Pujol.
Por otra parte, el libro tiene momentos deliciosos, como cuando Pujol se define como "socialdemócrata". Y no mentía, pues efectivamente ubi nacionalista, ibi socialista. También es altamente recomendable su descripción del 23 F, que da tanto que pensar (o que confirma lo que cada vez parece más claro; aprovecho la ocasión para saludar al del CNI que está leyendo estas líneas). Pero lo mejor de todo es cuando Pujol, abandonando su visión política -discutible, pero razonable tal y como la presenta-, entra en la historia ficción. No me resisto a transcribir unas cuantas perlas:
"El hijo del Rey, además de príncipe de Asturias, es príncipe de Girona (sic) porque recoge el título que ostentaban los herederos de la Casa Real catalana (sic) antes del Compromiso de Caspe" (página 103). No me consta la existencia de "Casa Real catalana" alguna, y Pujol lamentablemente no aporta ninguna cita a pie de página para ayudarnos a encontrar referencias sobre la misma.
"Era tan modesto que Cataluña (sic) tuvo que reforzarse ganando un traspaís en Aragón (sic). La unión dio rápidamente frutos. Lo que los catalanes denominamos la Confederación Catalanoaragonesa (sic), que es lo que realmente era, pero que legalmente (requetesic) fue la Corona de Aragón" (página 159). Uno siempre había pensado que Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, era eso, conde de Barcelona, y no de Pallars Jussá, Rosellón, Pallars Subirá, Ampurias y Argel, y mucho menos conde de Cataluña (que tardó siglos en aparecer como entidad política). Uno siempre había pensado que Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, y sólo de Barcelona, tuvo que renunciar a su apellido y casa para poder casarse con Petronila de Aragón, y que tuvo que reconocerse como hijo de Ramiro II de Aragón. Petronila pasó el linaje real de Aragón a su hijo Alfonso por vía materna, al contrario de lo habitual en la época, según unas capitulaciones que todavía se conservan y que recogían una costumbre del derecho aragonés. Gracias entonces a que Alfonso heredó linaje real de su madre, ya no debía vasallaje al rey de Francia (como sí lo debía su padre, Ramón Berenguer IV), lo que éste reconoció en 1258. Pero, leyendo a Pujol, parece que lo que hubo fue una absorción del reino de Aragón, uno de los dos pilares de la reconquista de Espanya, por ese pequeño condado circunscrito a Barcelona.
"La política de nombramientos de obispos es un problema muy grave, dicho sea con toda la prudencia y admitiendo las críticas de quienes sostienen que el poder temporal no ha de interferir para nada en el espiritual. Pero es que si el país tiene la obligación de respetar a la Iglesia, la Iglesia tiene la obligación de respetar y fortalecer al propio país" (pagína 181). Confieso que leer a un dirigente político defendiendo la vuelta a las investiduras en el siglo XXI me ha hecho soltar una carcajada. Y todo ello con el olvido por parte de Pujol que la Iglesia no es catalana, sino católica, es decir, universal.
No obstante todo lo anterior, insisto, el libro es francamente interesante y debería ser lectura obligada para entender la política española del último cuarto del siglo XX. Jordi Pujol muestra un nivel intelectual que, pese a sus errores (prueba de que el nacionalismo no siempre se cura viajando), no he visto en ningún presidente de comunidad autónoma española salvo, quizás, en La Presidenta.
Que bien lo haces Jacobo, cuando tengas un hueco te paso mis notas y me redactas mi blog que falta me hace. Me has dado ganas de leer todo, y de eso se trata, no?
ResponderEliminarEn cuanto a las inexactitudes históricas del president no son casuales, verdad? la poítica, como la xxxxxxx se basa (y es sólo posible por) en la necesidad de la chusma en que se la engañe con paparruchas.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarJacobo, me alegra saber que la biografía de Pujol, el último President de la Generalitat de Catalunya, después han seguido un ex-alcalde y un ... bueno, se me hace difícil hallar la palabra definitoria al ménage à trois y a su cabecilla, dejémoslo en president (ya sabes que soy fan de los Monthy Phyton, pero no de Monti Ya), ha sido de tu agrado y ha aportado un poco de luz en tu concepción de Catalunya.
ResponderEliminarLo bueno de tratar con personas inteligentes es que saben apreciar lo que hay de bueno incluso en las posiciones alejadas de su punto de vista.
Para buscar verdades últimas y eternas hay que acudir a la universalidad cristiana, católica, apostólica y romana en nuestro caso. No esperes que ningún político, pasado, presente o futuro sea objetivo en ningún tema y menos en historia.
Me alegra saber que eres un buen conocedor de la historia de Catalunya y hayas reparado en estas pequeñas "licencias literarias" que se permite Jordi Pujol. A pueblo hay que alimentarlo de orgullo patrio (nacionalista) y el común de los catalanes confunden un condado con un principado o un reinado. Te recuerdo que Catalunya, sobre todo Barcelona, es tierra de grandes anarquistas, sindicalistas y apóstatas.
No tanta profundidad tienen las de este ex-alcalde, de labor impecable en sus días como timonel de la Barcelona olímpica, pero nefasto como regateador - lo digo por tener que hacerlo con su franquicia (sabes que siempre he defendido que el PSC es una franquicia del PSOE) y sus compañeros de viaje, sobre todo alguno coronado de espinas -. Una vida muy llena y poco plena.
Te animo a seguir escribiendo, perseverante en la falta de tiempo!
Por empezar con algo cortito, como el célebre soneto: Lo de la hija del Ministro promete, sobre todo para los que esperamos que Madrid no vuelva a ser cheka.
ResponderEliminarY en cuanto a don Jorge, a mi modo de ver la coherencia que tanto alabáis es moralmente neutra: la perseverancia sólo es virtud si se persevera en el bien
Lo terrible es que el pueblo catalán al completo cree en esa pseudo historia de la corona de Cataluña¿? Es lo que les enseñan en el cole y lo usan como razón y bandera de su nacionalismo... A mí esto me recuerda al Gran Hermano de 1984, y a la Unión Soviética. Si un pueblo tiene que inventarse su Historia, mal vamos.
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