domingo, 15 de mayo de 2011

Recordando viejas batallas...

Fue durante la campaña 1996-2000 cuando, volviendo a Rivendel tras matar mi dosis diaria de orcos, llevaba bajo el brazo un ejemplar del ABC. Del ABC verdadero, que diría L.M. Ansón. Y en ese número del ABC había, si mi memoria no me falla, una Tercera de Julián Marías dedicado a un libro de C.S. Lewis.

La reseña era tan sugerente, tan profunda envuelta, sin embargo, en palabras fáciles, tan brillante, en definitiva, que no me permitió descansar hasta el momento en que pude capturar a lo que se ha convertido en uno de los ejemplares más valiosos de mis presas. Y no fue sencillo, lo confieso. En aquél momento todavía no se había rodado la última versión de Las Crónicas de Narnia, por lo que el autor no era realmente conocido por el gran público español y sus obras no eran fácilmente localizables en las librerías.










Cartas del diablo a su sobrino
Cartas del diablo a su sobrino. C.S. Lewis. 7ª edición, 1998. Editorial Rialp. 140 páginas. 9,50 €.

Este libro es muy fácil de reseñar. Imagínate un Catecismo en forma de novela, pero en negativo. O dicho de otra forma, una novela epistolar consistente en las cartas que un diablo veterano escribe a otro diablo novato acerca del trabajo de acoso y derribo vía tentaciones que éste último propone sobre un hombre durante la segunda guerra mundial, en lo que es la primera misión del novato. Cuando la obra a comentar es excepcional, me parece que lo mejor es abrir una página al azar y transcribir el primer párrafo que golpee la vista:

“Mi querido Orugario:

Me parece que necesitas demasiadas páginas para contar una historia muy simple. En resumidas cuentas, que has dejado que ese hombre se te escurra entre los dedos de la mano. La situación es muy grave, y realmente no veo motivo alguno por el que debiera tratar de protegerte de las consecuencias de tu ineficiencia. Un arrepentimiento y una renovación de lo que el otro llama “gracia” de la magnitud que tú mismo describes supone una derrota de primer orden. Equivale a una segunda conversión... y, probablemente, más profunda que la primera.

Como debieras saber, la nube asfixiante que te impidió atacar al paciente durante el paseo de regreso del viejo molino es un fenómeno muy conocido. Es el arma más brutal del Enemigo [Nota del transcriptor: Dios], y generalmente aparece cuando Él se hace directamente presente al paciente, bajo ciertas formas aún no completamente clasificadas. Algunos humanos están permanentemente envueltos en ella, y nos resultan, por tanto, totalmente inaccesibles”.

Otro párrafo también al azar:

“Trabaja a fondo, pues, durante la etapa de decepción o anticlímax que, con toda seguridad, ha de atravesar el paciente durante sus primeras semanas como hombre religioso. El Enemigo deja que esta desilusión se produzca al comienzo de todos los esfuerzos humanos: ocurre cuando el muchacho que se deleitó en la escuela primaria con la lectura de las Historias de la Odisea se pone a aprender griego en serio; cuando los enamorados ya se han casado y acometen la empresa efectiva de aprender a vivir juntos. En cada actividad de la vida, esa decepción marca el paso de algo con lo que se sueña y lo que se aspira a un laborioso quehacer. El Enemigo acepta ese riesgo porque tiene la curiosa ilusión de hacer de esos asquerosos gusanillos humanos lo que Él llama Sus ‘libres’ amantes y siervos ('hijos' es la palabra que Él emplea, en Su incorregible afán de degradar el mundo espiritual entero a través de relaciones ‘contra natura’ con los animales bípedos). Al desear su libertad, el Enemigo renuncia, consecuentemente, a la posibilidad de guiarles, por medio de sus aficiones y costumbres propias, a cualquiera de los objetivos que Él les propone, les deja que lo hagan ‘por sí solos’”.

Y un tercero, de drámatica actualidad a pesar del paso del tiempo:

“Me gustan mucho más los murciélagos que los burócratas. Vivo en la Era del Dirigismo, en un mundo dominado por la Administración. El mayor mal no se hace ahora en aquellas sórdidas ‘guaridas de criminales’ que a Dickens le gustaba pintar. Ni siquiera se hace, de hecho, en los campos de concentración o de trabajos forzados. En los campos vemos su resultado final, pero es concebido y ordenado (instigado, secundado, ejecutado y controlado) en oficinas limpias, alfombradas, con calefacción y bien iluminadas, por hombres tranquilos de cuello de camisa blanco, con las uñas cortadas y las mejillas bien afeitadas, que ni siquiera necesitan alzar la voz. En consecuencia, y bastante lógicamente, mi símbolo del Infierno es algo así como la burocracia de un estado-policía, o las oficinas de una empresa dedicada a negocios verdaderamente sucios”.

Pero si este libro es realmente grande, no es sólo por su aspecto llamémosle teológico ‘directo’, o por lo interesante de las llamémoslas sub-tramas, Cartas del diablo a su sobrino es realmente grande por precisamente el conjunto. Qué es lo que va ocurriendo entre los dos demonios a lo largo del libro, como se desarrolla su ‘relación de trabajo’ y, especialmente, como termina, es en si mismo un interesantísimo tratado de demonología o, al menos, de cómo el mal siempre se vuelve sobre si mismo.

Un libro esencial, y garantía de gulag, o algo aún peor, cuando los burócratas asalten tu casa, querido lector. ¿Qué más necesitas para leerlo mañana mismo? Una advertencia, sin embargo: Cuando hayas leído este libro sólo habrás comenzado a descubrir la obra de C.S. Lewis. Una obra apasionante, necesaria y sugerente en opinión del autor de estas líneas, aunque tú ya lo habías intuido por la longitud de esta entrada.

Por cierto, C.S. Lewis dedicó el libro “A J.R.R. Tolkien”.

4 comentarios:

  1. Pero, ¿no quedábamos en que el Demonio no existe?

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  2. Vaya, Anónimo, como siempre, haciendo preguntas subversivas.

    Si acudo al Catecismo de la Iglesia Católica (la única verdadera, que dijo el baturro-no creyente ante el predicador protestante), "que es una norma segura para la enseñanza de la fe", compruebo que en su apartado 2851 se dice "En esta petición [líbranos del mal], el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios".

    Por otra parte, Alejando Martínez Sierra, S.J., en su libro "Antropología Teológica Fundamental", afirma con respecto a Juan Pablo II: "Su doctrina no puede estar más clara: Existen los ángeles y los demonios. El demonio es un ser personal, criatura que se ha hecho mala por una opción rebelde, tienta al hombre y es el enemigo de la parábola de la cizaña, influye en el mal del mundo, pero no quita la libertad al hombre". Afirma también el padre Alejandro que "La existencia de ángeles y demonios es una verdad de fe revelada en la Escritura, la Tradición y el Magisterio constante de la Iglesia".

    ¿Qué más podría decir el abajo firmante?

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  3. ¿Que también existe el código da Vinci, quizás?
    Bromas aparte, sí es cierto que uno de sus grandes éxitos ha sido convencer a mucha gente de que no existe

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  4. voy a leer este libro, aunque cs lewis, según me dicen, es el escritor de cabecera del Opusdei

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